domingo, 6 de febrero de 2011

El Quevedo de Neruda y los laberintos budistas

Releo constantemente una obra que me obsequiaron en Chile “Pablo Neruda, Antologia General” es una ediciòn conmemorativa editado por la real Academia Española y la Asociaciòn de Academias de lenguas Españolas.
Voy descubriendo tejidos imperceptibles de luz y de asombro en las lìneas repetidas una y cien veces que con avidez de adolescente cada vez que abro una de las paginas al azar.
Un camino que me lleva a ninguna parte serà porque tal vez no hay donde ir; o sì, en la pagina 178 encuentro esta bella reflexiòn sobre Quevedo, el español:
Quevedo fue para mi la roca tumultuosamente cortada, la usperficie sobresaliente y cortante sobre un fondo de color arena, sobre un paisaje historico que recien me comenzaba a nutrir. Los mismos oscuros dolores que quise vanamente formular, y que tal vez se hicieron en mì extensiòn y geografìa, confusiòn de origen, palpitaciòn vital para nacer, los encontrèdetràs de españa, plateada por los siglos, en lo intimo de la estructura de Quevedo. Fue enotcnes mipadre mayor y mi visitador de España. Vi a travès de su espectro la grave osamenta, la muerte fisica, tan arraigada a españa. Este gran contemplador de osarios me mostraba lo sepulcral, abriendose paso entre la materia muerta muerta, con un desprecio imperecedero por lo falso, hasta en la muerte.Le estorbaba el aparato de lo mortal; iba en la muerte derecho a nuestra consumaciòn, a lo que llamò cn palabras unicas “la agricultura de la muerte”. Pero cuanto le rodeaba, la necrologìa adorativa, la pompa y el sepulturero fueron sus repugnantes enemigos. Fue sacando ropaje del os vivos, su obra fue retirar caretas de los altos enmascarados, para preparar al hombre a la muerte desnuda, donde las apariencias humanas serán más inútiles que la cascara del fruto caìdo. Solo las semilla vuelve a la tierra con el derecho de su desnudez original.
Por eso para Quevedo la metafisica es inmensamente fisica, lo màs material de su enseñanza. Hay una sola enfermedad que mata y esa es la vida. Hay un solo paso y es el camino hacia la muerte. Hay una manera sola de gasto y de mortaja, es el paso arrastrador del tiempo que nos conduce. Nos conduce adònde? Si al nacer empezamos al morir, si cada dìa nos acerca a un limite determinado, si la vida misma es una etapa patètica de la muerte, si el mismo minuto de brotar avanza hacia el desgaste del cual la hora final es solo la culminaciòn de ese transcurrir, no integramnos la muerte en nuestras cuotidiana existencia, no somos parte perpetua de la muerte, no somos lo màs audaz, lo que ya saliò de la muerte? No es lo màs mortal, lo màs viviente, por sì mismo misterio?
Por eso tanta regiòn incierta, Quevedo me dio a mì una enseñanza clara y biològica. No es el trascurriendo en vano, no es el Eclesiastès ni el Kempis, adornos de la necrologìa, sino la llave adelantada de las vidas. Si ya hemos muerto, si venimos de la profunda crisis, perderemos el temor a la muerte. Si el paso màs grande de la muerte es el nacer, el paso menor de la vida es morir.
(…) Asì tienen en èl su exlicaciòn la abeja, la construcciòn del topo, los reconditos misterios florales. Todos han pasado la etapa oscura de la muerte, todos se van gastando hasta el final, hasta el aniquilamiento puro de la materia. Tiene explicaciòn el hombre y su borrasca, la lucha de su pensamiento, la errante habitaciòn de los seres.”

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